Director: Silvio Verliac              

Todos recordarán la última aparición pública de Cristina Fernández de Kirchner en el Centro Cultural Kirchner, en el marco de la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (EuroLat) y su famosa frase sobre el bastón y la banda presidencial. En este contexto, consideró que la "insatisfacción con las democracias, donde la gente se termina enojando con la política", debería obligar a "repensar la ingeniería institucional" y que "se invista de poder a las instituciones". "Estamos a tiempo, antes de que sea demasiado tarde", dijo ese 13 de abril.

 

Pero es más amplio el razonamiento que expresó: "Hoy nuestros parlamentos, Ejecutivos, Poder Judicial —tantas veces cooptados por los poderes económicos, además— ¿cuánto representan del poder tomado como un 100%? Hablamos de poder cuando alguien adopta una decisión, y esa decisión es respetada por el conjunto de la sociedad. Eso es el poder. Que te pongan una banda y te den el bastón un poquito es, pero créanme... y lo digo por experiencia, y ni te cuento si se hacen las cosas que hay que hacer, pero dejémoslo ahí”.

En este contexto, consideró que la "insatisfacción con las democracias, donde la gente se termina enojando con la política", debería obligar a "repensar la ingeniería institucional" y que "se invista de poder a las instituciones". "Estamos a tiempo, antes de que sea demasiado tarde", dijo ese 13 de abril.

En forma gráfica, Cristina Kirchner se refirió a los tres poderes del Estado creados en la Revolución Francesa, cuando –dijo - no existían la luz eléctrica, los autos, los celulares, y no se habla del otro poder, el poder económico. Aquí está el meollo de su alocución: más poder al Estado.

La visión de la persona más poderosa en el gobierno de Alberto Fernández, se nutre de pensadores como Zakaria, Santos, Borón, Mouffe, Laclau, Alonso y Alonso, por citar algunos, que plantean una redefinición de la democracia, en la concepción del Estado y de su relación con la sociedad, y los nexos con la economía.

El problema reside en que muchas personas que encarnan el Estado argentino en sus tres poderes, permiten la intromisión del “poder económico” en las políticas públicas, cuando no son ellas directamente, ese poder económico.

Para cerrar parafraseando a Norberto Bobbio, la democracia es idealmente el gobierno de un poder visible, que en su estado republicano supone una doble acepción de la cosa pública: es el gobierno del público, pero también el gobierno en público.

Los actos de un gobierno democrático debieran ser públicos y poder estar bajo el escrutinio público, a la manera de Kant - que pasó su vida estudiando la ética - para quien “todas las acciones relacionadas con el derecho de otros hombres cuya máxima no puede ser pública, son injustas”. Por Silvio Verliac