Todos los deportes son una mezcla de arte y guerra, de combates, le escuchamos decir a una leyenda del básquet como Bill Russell. Eso, nos inspira a verlos, a practicarlos si podemos.
La forma inspira asombro y el movimiento tiene algo que decir, agregaba Russell.
Si nos fascina verlo a Messi, dejando de lado sus virtudes humanas por un instante, es esto mismo.
Arte, arte en estado puro, puesto al servicio; el de un combatiente que no se da por vencido, y en esa lucha imaginaria, pero muy real, sale victorioso.
Si, los que tuvieron la oportunidad, se maravillaban con Michael Jordan, era la combinación acabada de la reflexión de Russell.
Jordan, un guerrero artístico, un artista guerrero, el movimiento inmaculado, perfectamente realizado.
Eso inspiraba Roger Federer. Las formas. La amalgama completa de la raqueta y el brazo, extensión sincronizada de su cuerpo.
Los deportes nos llevan a un plano elevado. Nos muestran al ser humano creando, sin límites.
Practicarlos, nos dicen algo. Para unos una cosa, y seguramente para otros, cuestiones diferentes.
En lo que podemos estar de acuerdo, es que, por momentos, el deporte, como la vida, conjuga arte y guerra, pequeños combates, sublimados, para hacernos, y hacerlos a nuestros ídolos, un poco héroes de nuestro diario existir.
Silvio Verliac