Por Silvio Verliac. Jacques Lacan estaba convencido que el declive de la figura del padre – biológico o no - como lugar de la ley, nos convierte a todos en amos absolutos cada vez menos dispuestos a dialogar. En las últimas horas, se dio un fenómeno en Argentina: los dirigentes en general, dialogan, con ellos mismos.
Los dirigentes, repetimos “en general”, no están dialogando con la población.
La población habla, en tanto ciudadanos, con sus gobernantes, por ejemplo, a través del voto. No solo allí, pero es una forma contundente de expresarse.
Sin embargo, el funcionario/a sigue hablando, pero no es un diálogo, es un mensaje unidireccional. Y tiene un riesgo. El o la dirigente puede saber lo que dijo, pero nunca lo que el otro escuchó.
No pretendemos ser lacanianos, solo interpelarnos.
No podemos saber cómo llegan a los demás las informaciones que les transmitimos.
Por ello, estas mismas líneas, pueden ser entendidas de diferentes maneras.