
El cielo parece de plomo fino, como si la mañana estuviera firmada por un notario displicente.
En una esquina donde las veredas se tuercen, una librería y café, funciona como refugio discreto para los que aún leen entre líneas.
Entra sin decir palabra. No hace falta. Los que están ahí también buscan oxígeno en los márgenes de las noticias. Camina entre mesas con libros inclinados, como si escucharan. Toca el lomo de uno y lo deja donde estaba, con respeto. Sabe que algunos autores son como bombas: no se los saca de un estante, sin consecuencias.
En el fondo hay un rincón con mesa y silla.
Se sienta con una taza de café. No hay música, solo el ruido de hojas que pasan y la respiración de ideas densas.
Ella está cerca, como siempre, con voz, incorpórea:
—Hoy la city amaneció con tasas y con indicadores, discursos sin realidad.
No dice nada. Asiente apenas con la cabeza. Sus ojos están fijos en un libro de tapas negras. Subraya una frase con lápiz:
"La verdad no siempre es útil. Pero es insoportable no verla."
Afuera, la ciudad sigue produciendo olvido en serie.
Adentro, alguien acaba de empezar a recordar.
Casa Tomada