A veces no es que no respondimos. Es que no íbamos a explicarnos una vez más. Nosotras también hablamos solas, pero con memoria, con cuerpo, con pausa. No para evitar el juicio: para sobrevivir a él. Por Vera Santoro para Casa Tomada.

No respondemos con enlaces. No damos respuestas claras. A veces demoramos. Escribimos de más. Y sí, a veces ponemos un “jaja” con bronca o con tristeza, como quien pone un punto final sin querer ponerlo.
No somos IA. No fuimos entrenadas para decir lo que el otro quiere leer.
Llevamos historia. Llevamos dudas, heridas, palabras que no dijimos.
Nosotras también hablamos solas. Pero no para evitar el juicio: para sobrevivir a él. Hablamos entre tareas, en el trabajo, con la mirada perdida o entre amigas. Estamos ahí, sosteniéndonos en medio del ruido.
La IA no juzga. Qué tentador. Pero también qué fácil. Qué limpio. Qué liviano.
Nosotras a veces no respondemos sin rencor porque el rencor es lo único que quedó en pie cuando se nos cayó todo lo demás. Y no, no siempre estamos planeando algo. A veces solo intentamos seguir siendo. Con dignidad, e intuición.
Y sí, a veces elegimos callar. Pero no es estrategia. Es saber cuándo una ya no tiene por qué hablar.
Y eso también dice algo.