BIENESTAR // Guardamos palabras por miedo, por costumbre, por no saber cómo decirlas. Pero lo "no dicho" no desaparece: se vuelve cuerpo, síntoma o distancia. Una reflexión sobre la necesidad de hablar, con otros y con nosotros mismos.

A veces no decimos lo que sentimos porque creemos que no va a cambiar nada. Otras veces, porque no sabemos cómo empezar. Nos acostumbramos a callar por miedo a incomodar, a herir, a ser juzgados. Sin embargo, lo no dicho no se evapora: queda ahí, haciendo ruido en lo profundo.
En nombre de la paz, dejamos cosas afuera. En nombre del amor, silenciamos enojos. En nombre de la fuerza, no mostramos el dolor. Pero el cuerpo habla, los vínculos lo sienten, y uno mismo, en el fondo, lo sabe.
¿A quién le dijimos lo que realmente nos dolía? ¿Cuándo fue la última vez que nos escuchamos sin filtro, sin cinismo, sin evasiones? ¿Qué haríamos si supiéramos que las palabras no son armas, sino puentes?
Callar también es una forma de decir. Pero cuando el silencio se vuelve hábito, a veces se convierte en síntoma: ansiedad, insomnio, distancia afectiva. No se trata de decirlo todo, todo el tiempo. Se trata de animarse, aunque sea de a poco, a abrir una puerta.
No hay mapa exacto para eso. A veces ayuda escribirlo, a veces decirlo en voz baja, otras veces buscar a alguien que simplemente escuche. Lo cierto es que hablar, cuando es sincero, puede sanar. Aunque duela. Aunque incomode. Aunque llegue tarde.
Hablar no soluciona todo, pero puede ser el principio de algo distinto. Y eso, a veces, es todo lo que necesitamos.
NOTA AL PIE CON UNA SONRISA: Lo que nunca le dije a mi papá
Cuando era chico, mi papá me pedía que lo ayudara a lavar el auto los domingos. Yo odiaba hacerlo. No el momento con él —eso estaba bien—, sino la parte de pasar la cera. La textura me daba impresión.
Durante años lo hice sin decir una palabra. En silencio, me convertí en un especialista en encerado con cara de mártir.
Un domingo, ya grande, le conté:
—¿Sabés que siempre odié pasar la cera?
Él se rió y dijo:
—¿Y por qué pensás que siempre te daba esa parte?
Casa Tomada