Entendiendo un sistema como una entidad con partes relacionadas, interdependientes, no está lejos en el ámbito de la dirigencia y la sociedad toda, este concepto para entender por qué personas que tendrían buenas intenciones, terminan fracasando (aunque hagan lo imposible ya no, por negarlo, sino tratar irrisoriamente de transformarlas en exitosas). Pero si vemos el todo, desde el Papa argentino, hasta el vecino de la esquina, saben que, con sus más y sus menos, las políticas han fracasado. Por ello, la disrupción en la política argentina, en la provincia de Entre Ríos, en la ciudad de Concordia, a mi entender llaman a la puerta.

De qué hablamos cuando hablamos de disrupción
Hablamos de la segunda proposición de la definición de disrupción, (más que de la primera): Interrupción brusca.
Un sistema son totalidades, un disruptor vendría a alterarlo.
No estamos comparando la informática, matemáticas, biología, con las personas en sociedad, por si previenen ese camino.
Les cuento una historia breve para matizar
Hace unos veinticinco años no visitaba la ciudad de Posadas. Es otra.
Hacía unos veinticinco años no recorría la ciudad de Córdoba. Es Otra.
Cuando volví a Concordia después de 20 años, es casi casi la misma.
El o la disruptora
No hay que actuar irresponsablemente, estando en juego personas. Se trata de interrumpir el sistema; un hiato, un hasta acá.
Me gusta la parábola del buen samaritano; me gusta también que las acciones sean concretas, no palabras vacías que no se cumplen en la realidad. Por Silvio Verliac