En 2005 el Grupo Petersen / Esquenazi compró el Banco de Entre Ríos. Ya era dueño de bancos provinciales clave y contratista de obra pública. Luego accedió a YPF en una operación con respaldo oficial y financiamiento externo. Años más tarde, la estatización derivó en un juicio internacional. Hoy, los herederos de Enrique Eskenazi, fallecido en enero de 2025, están entre los beneficiarios del fallo más caro de la historia argentina.
.
Un negocio silencioso en el Litoral
La propuesta en su momento de la compra del Banco Entre Ríos fue evaluada como la más robusta por el Comité del Ministerio de Economía y el Banco Nación. El Banco Central debía aprobarla. Así, sin demasiado ruido, el grupo fundado por Enrique Eskenazi sumó un nuevo banco provincial a su cartera: ya controlaba los bancos de Santa Fe, San Juan y Santa Cruz.
El BERSA no era un banco estatal al momento de la operación: había sido privatizado en los años ‘90 y adquirido por el grupo francés Crédit Agricole. Tras la crisis de 2001, la entidad fue rescatada por el Banco Nación, que intervino para garantizar su continuidad y quedó como su administrador principal.
Vale destacar que el Banco de Entre Ríos opera como “agente financiero” de la provincia: es decir, es la entidad encargada de pagar sueldos, jubilaciones y manejar los fondos públicos provinciales. Un rol clave en la arquitectura del poder local.
La relación con el kirchnerismo
La historia entre los Eskenazi y el poder político comenzó en los '90, cuando el entonces gobernador Néstor Kirchner avaló la venta del Banco de Santa Cruz al grupo. La relación fue fluida: obra pública, banca provincial y una visión compartida sobre el "capitalismo nacional". El libro Los patrones de la Argentina señala que el Grupo Petersen fue uno de los mayores contratistas del Estado en el sur durante esos años.
Cuando Néstor llegó a la presidencia, el grupo siguió expandiéndose: se quedó con el Banco de San Juan, luego con el de Santa Fe y finalmente, con el BERSA. Siempre con condiciones favorables y licitaciones ganadas frente a oferentes de peso.
YPF sin poner un peso
En 2008, Repsol vendió el 14,9% de YPF al Grupo Petersen. La operación fue singular: el grupo no aportó capital propio significativo. El esquema incluía dos préstamos: uno de U$S 1015 millones otorgado por Repsol, y otro de U$S 1018 millones de un consorcio internacional de bancos. El grupo aportó poco más de U$S 100 millones. El acuerdo incluía que hasta el 90% de las ganancias futuras de YPF podían destinarse a pagar esos créditos.
El entonces presidente de Repsol, Antonio Brufau, explicó la decisión como una apuesta por un socio argentino con experiencia en "mercados regulados". Fue, de hecho, una operación bendecida por el gobierno nacional. En 2011, el grupo sumó otro 10% de acciones.
Sebastián Eskenazi, uno de los hijos de Enrique, fue designado CEO de la petrolera.
Estatización y juicio millonario
En 2012, Cristina Fernández de Kirchner anunció la expropiación del 51% de YPF. El grupo Petersen, desplazado de la empresa, inició una demanda internacional por no haber recibido una oferta igualitaria, tal como indicaba el estatuto de la compañía.
Los Eskenazi vendieron los derechos para litigar al fondo Burford Capital, que asumió la demanda. En 2023, una jueza de Nueva York falló en contra del Estado argentino y ordenó pagar hasta U$S 16.000 millones. Los herederos de Enrique Eskenazi continúan siendo beneficiarios, por contrato, de parte de esa suma. Esta semana, la jueza Loretta Preska —quien tiene jurisdicción en Wall Street y fue aceptada por el propio Estado argentino al firmar la cláusula de litigio internacional— ordenó la entrega forzosa del 51% de las acciones de la petrolera.
El ingeniero silencioso
Enrique Eskenazi murió el 28 de enero de 2025, a los 99 años. Había nacido el 4 de agosto de 1925 en la ciudad de Santa Fe y se había graduado como ingeniero químico en la Universidad Nacional del Litoral. Cursó estudios en Estados Unidos y trabajó en Bunge y Born antes de tomar el control de Petersen Thiele & Cruz en 1980. De militante socialista a banquero de perfil bajo, construyó un imperio basado en obras, servicios urbanos, energía y finanzas.
Hoy, su grupo sigue al frente de los bancos de Entre Ríos, Santa Fe, San Juan y Santa Cruz. Según Forbes, la fortuna familiar ronda los U$S 1.150 millones.
En Entre Ríos, salvo por los títulos oficiales, casi nadie recuerda que el banco local pertenece a uno de los grupos más favorecidos por el modelo de negocios público-privado que marcó una era. Tampoco que esos mismos socios argentinos están hoy entre los ganadores del juicio más costoso de la historia nacional.
Silvio Verliac
Casa Tomada
Información corregida y actualizada