Director: Silvio Verliac              

Vamos a hablar, como especialistas en temas comunicacionales y políticos, con lenguaje llano y sin citar ni parafrasear autores. Vamos a hablar contigo (escribir), que estás harto de los enfrentamientos a todo o nada.

Resultados de las elecciones presidenciales en Argentina, segunda vuelta 2019, 48 a 40 en puntos porcentuales, te acordás.

Resultados de las elecciones en Brasil, segunda vuelta, dos domingos atrás, 50 a 49.

Resultados de las elecciones intermedias en EE.UU, termine como termine el recuento de votos final, ajustadísimo. Lo mismo en las presidenciales, hace dos años.

Estos tres ejemplos que damos, cercanos en el tiempo, referenciales por nuestra cotidianeidad, y cuestiones geopolíticas, pueden verse de dos maneras.

La primera, que abunda en medios y redes: fractura de la sociedad, grieta, polarización, etc.

Les damos una segunda opción. La mitad o casi, de la población piensa de una manera en temas centrales, como el aborto, la intervención activa o no del Estado, ideología heredada, o estudiada, planes sociales, trabajo, salud pública, Poder Judicial, seguridad, inseguridad, la lista es más larga. Bien, ¿Y cuál es el problema?

 

Por supuesto puede ser un gran problema, pero depende de cómo lo gestionemos.

Te gusta el agua, no tomas alcohol, y las frutas y las verduras, cuando no hace frío. Te gusta lo contrario, alcohol, carnes rojas. ¿Dónde está el problema? Gustos diferentes, no somos enemigos, ni estamos fracturados en nuestras preferencias.

Si los dirigentes y las cúpulas de Poder, no sólo las políticas, las alientan, podemos corrernos. Decir, pensar, yo no entro en ese juego.

Si eres de Boca, de River, Racing, Independiente, San Lorenzo o Villa Dálmine, que los jugadores lo diriman en la cancha, alegrémosno o entristezcámono y ya. ¿Por qué con nuestros grupos de amigos, o whatsapp? ¿Por qué, preguntamos? No nos digan ingenuos ni voluntaristas, les aseguramos que no lo somos.

Probemos. Que a ti te parezca que Dios existe, o no, o a vos te guste más la filosofía budista, o cristiana, o judía, o islámica, etc, no debería ser un problema. Sí, podría serlo, si consideramos que “el otro” es nuestro enemigo por ello.

Nacimos con un tiempo acotado de vida. Desperdiciamos energías en ello.

Sí, defendamos nuestros valores. Sí, defendamos lo que pensamos. Sí, hagamos política, siempre hacemos política, aunque no militemos, no vamos a hacer una racionalización al respecto ahora. Pero hacemos política, ejercemos o dejamos de ejercer ciudadanía.

Pero cuál sería el problema que el otro piense distinto. Es un problema si es una mala persona, todos entendemos esto.

No decimos, vayamos a vivir a una cabaña en el bosque, alejados de la civilización.

Disfrutemos del mar o la montaña. Te gusta más una opción, no hay problema.

Gestionemos. Busquemos que después de las “batallas”, todo siga su ritmo.

Nos duelen la probreza,  la indigencia, que los pibes entren en las drogas y no puedan salir, que los que pueden, se vayan del país, que chiquilines anden con armas, que no haya trabajo, y si hay, que a algunos les sean cómodo planes, la corrupción institucionalizada, y un largo etcétera. Trabajamos diariamente en ello. Gestionemos.

Que se vayan a sus casas los/las que se tiene que ir. O diriman sus responsabilidades en la Justicia. Y sigamos con nuestras vidas.

Somos competitivos, tenemos valores y reflexionamos de una manera, pero después, no le deseamos el mal por pensar distinto.

Gestionemos nuestras diferencias, y luego de resueltas, sigamos con nuestras vidas. Si no, te estás haciendo daño ti mismo. 

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