Me dijo si quería que me lleven un gato. Sólo pregunté ¿gata o gato? Y aquí está ella.
Vino flaca (un poco fea) la gata. “Se salvó que la tiren al río”, me avisó mi hijo. Y nos fuimos conociendo.
No le gusta que la acaricien mucho. Sí le gusta dormir y jugar, supongo como todos los gatos (gatas) cachorros.
Camina por la casa. Repentinamente, corre de acá para allá. Si es en el jardín, mucho peor. O mejor, para ella.
Gran trepadora de ramas y árboles la gata, y, por las noches, decidió que dormiría conmigo.
Pasaron tres meses. Ahora la gata me espera, cuando salgo. Y pide - exige - comida extra, cuando cocino.
Sigue rondando, corriendo y después durmiendo. Como todos los gatos (gatas) supongo.
Parece que me encariñé con la gata.
Espero que ella conmigo.
Por cierto, se llama Clara.
S.V.
Casa Tomada