Son partidos difíciles desde lo emocional - que juega en el fútbol - cuando un equipo en los papeles es superior al otro pero debe plasmarlo en la práctica. Con el aditamento que es eliminación directa, de una Copa del Mundo y millones en el país, en el estadio, y en el planeta miran y analizan cada jugada. Pero, lo tenemos a Messi.

Él, es capaz de triangular entre medio de rivales, a los 35 minutos de la primera etapa, frente a un conjunto ordenado, y tras una jugada combinada sobre la derecha, recibir en el área un pase de Mac Allister, tras un rebote cortito en Otamendi, y encontrar el hueco para colocarla al palo más alejado del arquero australiano.
En el segundo tiempo, una avivada de De Paul, presionando la salida rival, con Julián Alvarez de pillo, robándosela al arquero y dándole casi con el tobillo, para que la pelota entrara mansamente. en el minuto 57´, se había puesto transitoriamente 2 a 0.
Y depender esta misma Argentina, en la última jugada del partido, de un atajadón de Dibu Martínez, para evitar el empate, cuando los oceánicos habían descontado a través de Goodwin, con una carambola en Enzo Fernández.
Argentina está en cuartos, con un Messi brillante y lúcido, para jugar y hacer jugar.
Espera la ex Holanda, Países Bajos, que más temprano derrotó 3 a 1 a Estados Unidos. Por Silvio Verliac