La península, cuya anexión por parte de Rusia en 2014 es el orgullo de Vladimir Putin, hasta ahora se había librado del conflicto que se originó después de la invasión rusa a Ucrania.

Columnas de humo se elevan hacia el cielo después de las explosiones en la base de aviación naval rusa en Saky, en la costa sur de Crimea. AP
El sueño de una Crimea santuario y aislada de la guerra por Moscú se ha hecho añicos. La península anexionada por Rusia en 2014 fue escenario, el martes 9 de agosto, de una serie de explosiones en un aeródromo militar muy utilizado por la aviación rusa para disparar misiles de crucero contra Ucrania.
El origen aún es incierto, pero la versión más probable es la de un primer ataque llevado a cabo con éxito por el ejército ucraniano, quizás gracias a misiles de largo alcance lanzados por un aliado occidental. Lo que supondría cruzar una línea roja definida por Vladimir Putin, a saber, el uso de armas occidentales contra lo que Rusia considera parte de su territorio nacional.
Además de su importancia simbólica para el jefe del Kremlin, Crimea alberga el cuartel general de la Flota Rusa del Mar Negro, considerada por Moscú vital para su defensa. Al sentir el creciente peligro de un ataque, Rusia ya transfirió parte de su flota al puerto de Novorossiysk, más al sur, en julio.
El martes, una gran cantidad de videos publicados en las redes sociales proporcionaron pistas sobre lo que sucedió en la base de aviación naval de Saky en la costa sur de Crimea.
Los testigos comenzaron a filmar los hechos después de lo que se cree que fue una explosión inicial. Una larga columna de humo negro se elevó en diagonal hacia el cielo mientras dos enormes explosiones casi simultáneas ocurrieron al menos a cien metros de distancia. AFP