En casa del campeón de Europa, el Real Madrid jugó al fútbol. Una victoria de impacto, en el estadio del Chelsea, que lleva la firma de Karim Benzema, el mejor jugador hoy por hoy del Viejo Continente.
Preciso, incisivo, indetectable, autor de otro hat-trick consecutivo tras el milagro ante el PSG. Pero junto a él compareció un equipo extraordinario, amplísimo de recursos en todas sus líneas, desde el extremo con Vinicius al guante siempre milagroso de Courtois. El Chelsea cayó con honor, rematando casi veinte veces, con Havertz como mejor futbolista, pero la impresión fue la opuesta al pasado año.
Puede que tuviera que ver la inclusión de Federico Valverde en la banda derecha. No de extremo, porque con pelota era punta y sin él era zaguero. El caso es que el equipo blanco que sucumbió hace menos de un año sin público hizo un partidazo espléndido, de juego rápido y repliegue solidario, imprescindible para doblegar a un equipo fortísimo como el Chelsea, táctica y físicamente.
Es de suponer que no quedarán ya entre el madridismo detractores de Benzema. Se le acusa de no ser un centrodelantero, un jugador de área. En tres minutos desimintió tal teoría. Primero combinó con Vinicius en pared, el brasileño se fue como extremo, sirvió atrás y el frentazo poderoso de Karim estalló en la red. No reaccionó el Chelsea, que perdió la pelota y consintió el ataque largo blanco. Recogió Modric, sirvió cruzado al área y Benzema, hacia atrás, acomodando la cabeza, amortiguó el remate para ajustarlo junto al otro palo. 0-2. Imponente.
Puede que el Madrid pecase entonces de conformista, al atraer al Chelsea con la salida de pelota jugada. Con dudas, los blues se fueron asomando, favorecidos por alguna imprecisión en el toque y por la habilidad de Havertz para aparecer donde no se lo esperaba. Es cierto que Carvajal pudo ampliar la cuenta al salir a una contra y aparecer como punta. Sacó Mendy con la mano. Pero el alemán del Chelsea se las ingenió para sortear la vigilancia (y la patada) de Carvajal y rematar con la cabeza, potente, a la red, 1 -2.
En esos cinco minutos finales del primer acto no tuvo suerte el Madrid. Porque Benzema perdonó el tercero tras otra acción de Vinicius, en un remate fácil. La fortuna extraviada entonces regresó al minuto del segundo tiempo, cuando Benzema volvió a perseguir un imposible (como con Ulrich, Karius o Donarumma), provocó la pifia de Mendy y Rudiger para anotar con el arco vencido. Quién sabe si la decisión de Tuchel con el doble cambio de cerrar con cuatro y retirar a Kanté por Kovacic favoreció el desconcierto local.
El paisaje era perfecto para el Madrid, y durante un buen rato fue dueño y señor del encuentro. el Chelsea no llegaba y los blancos no perdían la pelota, aunque no llegaba con claridad al áre acontraria. Los 'blues' dieron signos de peligro en jugadas aisladas, como en el disparo imponente de Azpilicueta al ángulo que requirió los servicios de Courtois. A pesar de la indefinición institucional, por el tema Abramovich y las sanciones, el Chelsea tiene una plantilla de primer orden, y la entrada de Lukaku junto a la marcha de Militao por lesión alteró el partido. El delantero belga se ancló en el área y conectó dos cabezazos de gol, uno clarísimo. Ambos desviados.
Ancelotti relevó a Kroos, generoso en la presión, y metió a Camavinga para refrescar el medio campo..El problema blanco fue que dejó de amenazar a la contra, invitando al Chelsea a atacar. Por sorpresa, Ancelotti ordenó entrar a Bale para que hiciera con el Madrid lo que ya hizo con Gales. Se marchó Benzema sin más aplauso que el de la hinchada blanca.
También se tuvo que ir Valverde, acalambrado. Metió centros el Chelsea para descontar en el tramo final. Resistió el mejor Madrid de la temporada, a un nivel que invita a soñar a sus aficionados.en todo el mundo. Seguro que el Chelsea aprieta en el Bernabéu, y bien haría en no confiarse y recordar lo ocurrido con la Juve tras aquel 0-3 en Turín, pero el Madrid tiene un pie en semifinales.