El cuarto anillo del equipo de la Bahía de San Francisco es la cuarta proclamación de una revolución gloriosa, única y que hace que el deporte sea comprendido de una forma diferente.
En el fondo, no deja de ser otro campeonato más. Pero también en las formas, esas que indican que ya no fue un súper-equipo. Ahora es trabajado, pasándolo mal ante Boston Celtics en dos partidos, pero consiguiendo que su estilo e identidad haga la diferencia. Un campeón justo con el deporte y la forma en la que lo entendemos.
Curry se lo merecía
Cuando los Golden State Warriors irrumpieron en la estructura tradicional de la NBA se tendía a ser favorable a una corriente de infravaloración total y absoluta hacia Stephen Curry. Porque no tenía un MVP en las finales y eran territorio de Kevin Durant. Porque sí, se le comparó con Michael Jordan, pero no dejaba de ser como él. Los que cambiaron el juego y sus reglas.
Por ello, el cuarto anillo y el MVP es el premio merecido. Justo y necesario a un tótem del deporte internacional. Que a los 34 años no renuncia a lo que le hace inconfundible. Y, para más inri, es el que hace que su equipo vuele sobre la pista. Sus dos recitales en el Garden quedarán para siempre. Antes y después.
Gloria a Steve Kerr
De todos los que forman ese 'corazón de campeón' de los Warriors hay una figura paternal, única y que sin él mucho cambiaría la historia. Steve Kerr, alguien que también estuvo en el seno de los Bulls de Jordan. Desde su dirección supo conseguir que dos malos años no se transformasen en el fin de una dinastía y consiguió mentalizar a los Warriors de tener más bailes.
Él, Draymond Green o el sorprendente Wiggins son las figuras de las que se habla menos, pero a las que hay que valorar como estelares por cambiar la suerte del equipo desde un plano menos estelar. Pero fundamental, porque aportan pegamento sobre la cancha y el banquillo. Y su mejor ejemplo fue el sexto partido de la final.
Ay Tatum...
Honor a los Celtics, vaya por delante. No se puede negar lo evidente y no se puede poner un pero a la labor del mejor equipo de baloncesto del mundo durante muchos meses. Pero sí, decepcionaron en el partido que se jugaba en su casa. Porque salieron tan bien y realizaron tan buen final de tercer cuarto que hay sabor agridulce. ¿Qué ocurrió?
En buena parte, la respuesta es Jayson Tatum. Colapsó al no poder aplicar su juego, se chocó una y otra vez con los Warriors y encadenó imprecisión tras imprecisión. Horford y Brown tomaron el liderato del equipo y le mantuvieron con vida. Tatum, por su parte, se va de la final con malas sensaciones. Por EUGENIO MUÑOZ FERNÁNDEZ