Hoy, compartimos otra entrega. En este caso, un cuento. Que disfruten su lectura. Gracias.

Cualquiera, puede convertirse en un asesino
1
Eso pensó Pablo. Leyó de una biblioteca pública, prestado, Crimen y Castigo, y confirmo sus sospechas. Él, como el protagonista, sentía que a su vida le deparaban grandes cosas, y que el dinero era el obstáculo.
Era estudiante. No podía continuar su carrera porque embarazó a una joven, y su futuro, se truncaba para siempre, eso sentía. Eso pensó. La lectura ¿por azar? de la historia del joven Raskolnikov, era casi la suya.
Pero el final sería diferente. Nadie podría descubrirlo. No habría castigo.
Para mantener a su inesperada pareja y su beba, trabajaba de noche en un taxi. Hasta el amanecer. Todo el glamour de la ciudad de día, la vida universitaria, el comercio, se transformaban en una pesadilla, en las horas más oscuras.
Personajes de toda calaña aparecían para hacerle señas, que pare. No tenía miedo.
2
Además, ya lo había decidido. Cuando apareciera la víctima perfecta, sería su oportunidad. Con los meses, aprendió a diferenciar a las personas en la noche.
Fue en una cuadra cualquiera, que la mujer, entrada en años, le hizo señas. Se detuvo.
Siempre Pablo había sido una persona gentil y bondadosa, pero el dinero, la falta de él, lo estaban volviendo loco.
Porque él era estudiante, no chofer de un taxi. Él tenía grandes planes para su vida, no un diminuto departamento, en una calle cortada, con una mujer que no amaba y un bebe que no había planificado.
- Buenas noches.
- Buenas noches, joven. ¿Me lleva a Avenida Chacabuco 1130?
- Sí señora – respondió, agradeciendo que no era una dirección que no conociera y pasar vergüenza, como le sucedía a menudo.
El plan era simple. Encontrar un pasajero que se viera adinerado, acompañarlo por cualquier excusa hasta su casa, matarlo, no sin previamente asegurarse una gran suma de dinero, que casi todos, pensaba, tienen guardado en algún lugar.
La señora vestía bien, y llevaba una bolsa, muy grande para su contextura y años. El lugar al que iban era de departamentos, y una zona acomodada.
3
¿Sería ahora? Nunca había cometido un crimen. Nunca había siquiera robado. ¿Cómo, por qué, Pablo podría convertirse en un ladrón y en asesino?
Un chico educado, instruido, de buenos valores. ¿Se estaba volviendo psicótico, esquizofrénico, obsesivo compulsivo?
¿Cualquiera, en situaciones límite, podría romper las reglas, ser un delincuente?
- ¿Me ayuda a bajar la bolsa? Por favor. Vivo en el quinto piso…
- Sí señora – respondió con gentileza.
Estacionó cuidadosamente, unos metros más adelante, donde un árbol frondoso y añoso, impedía la luz de las luminarias. El problema eran las cámaras. De la ciudad, y seguramente del edificio.
Pero, ya lo había pensado. Por eso, dio un nombre falso, al dueño del coche, el segundo que había tomado para manejar, cuando se le ocurrió la idea.
La licencia no era problema, porque por la noche, menos los fines de semana, nadie controlaba nada. Y eran sobornables.
Al propietario, lo tenía con cuentos, que la había perdido, y que estaba tramitando otra. El hombre, en su avaricia, no reparó en el riesgo de darle el coche, a un desconocido.
4
Tenía que encontrar la forma que su cara no fuera visible en la escalera, en el palier, y en el ascensor. Para eso sacó su gorra. Todo el mundo andaba de gorra. Estaba de moda, aun de noche.
La acompañó, cargando el bulto. Subieron. Nadie en el camino. La mujer, sin que él se lo pidiera, lo invitó a pasar. Más fácil de lo pensado.
El departamento, lujoso, de grandes puertas ventana que daban a la avenida. Muy bien decorado, Minimalista, como a él le gustaba.
- ¿Desea tomar algo?, por el esfuerzo y en agradecimiento, por favor – sonrió Marta, que así se llamaba.
- Bueno, agua, por favor – contestó Pablo.
Le sirvió agua mineral, lo invitó a sentarse, se sentaron y le dijo:
- Vea, yo no acostumbro atender desconocidos. Usted, no es taxista, quiero decir, no se dedica en serio a esto, se lo digo respetuosamente…
- No señora.
- Se nota a la distancia
- ….
- ¿Está pasando un mal momento económico?
- Sí, señora.
- ¿Qué tan malo?
- Muy.
- Ya veo.
5
Siguieron hablando de la vida, y lentamente, la idea macabra de Pablo se fue desvaneciendo.
Uno está condicionado por las circunstancias, pero no está determinado. No era un ladrón, menos un homicida, pensó.
Estaba en un mal momento de su vida. Y, por suerte para Marta, que nunca lo supo, Pablo, desechó su idea. Por Silvio Verliac
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