Director: Silvio Verliac              

Chalup

- Buenos días Álvarez.

- Buen día Borges.

- ¡5 días!

- ¿Qué pasa? ¿Por qué dice 5 días?

- ¿No sabe que pasa en 5 días? Se van los ineptos. No sé lo que viene, pero se van los ineptos.

- Bueno Borges, un poco más de respeto. Seguro hay gente dolida, los que votaron al peronis…

Lo interrumpe.

- ¡Qué van a ser peronistas, estos muchachos! Estos muchachos piensan en ellos. No vio como dejan Concordia. Más de la mitad de pobres, 58.3 según la última medición del Indec –obvio que ahora deben ser más -, muchos de ellos trabajadores, casi 20% de indigentes, 18.3 para ser exactos y mientras ellos, cobrando sueldos del Estado. Inseguridad, bandas que se tirotean por drogas, pero se van con otro curro asegurado.

- Bueno Borges, bueno…

- Bueno nada, Álvarez, ni los propios los votaron. Hasta en la interna se hicieron trampa. Los medios a favor, “una ciudad maravillosa, el carnaval”. Ellos son un carnaval.

- Mire Borges, yo lo aprecio. Tenga cuidado porque…

- ¡5 días!

- Está bien. La democracia es alternancia y …

- ¡Alternancia! Hace 40 años que están. Se pasaban la posta como en las carreras de relevos.

- Borges, por qué se pone así.

- Porque uno parecía loco, mientras hacían negocios y pensaban que el Municipio era de ellos. Se van, esperando volver, pero si la gente que viene, hace un 5% de lo que prometieron, 5 eh, va a ser un montón. Nosotros no la vamos a ver, pero en algunas décadas, si se hacen bien las cosas, Concordia va a dejar de ser un antro.

- A propósito de antro. Un amigo escribió hace meses un cuento, con la pequeña ayuda de sus amigos, como la canción de Ringo Starr: Se trata justamente de unos tipos que manejan una ciudad, la gente la pasa mal, o tiene que negociar con ellos. Mi amigo quiere cambiar el título. Se le ocurre algo….

- A ver…léamelo.

-  Se lo leo:

“El lugar

El río Uruguay nace en la Sierra Geral, en la confluencia de los ríos Canoas y Pelotas, en el límite entre los estados de Río Grande del Sur y Santa Catarina, y después de 1800 kilómetros desemboca en el Río de la Plata, por lo que recorre Brasil, Uruguay y Argentina.

Al lado de tan extenso curso de agua, nacieron Los Redentores, en una población que llamaban Incordio.

Saben ustedes que el redentor rescata, libra, pone fin a la esclavitud, o el dolor, y proviene de la raíz latina redemptor, redemptōris, pero eso no tiene ninguna importancia.

No la tenía para ellos, que no sabían casi nada, excepto su oficio: engañar.

Eligieron ese nombre, porque les pareció casi bíblico, y fácilmente reconocible por los humildes, de los cuales se servían, desvergonzadamente.

Los hombres y mujeres

Las tierras de Incordio eran vastas, y tenían la peculiaridad de ser displicentes entre los ricos, que se conocían entre ellos, en distintas áreas de la población, bien reconocibles.

Las otras tierras, las de los infortunados, eran notoriamente diferentes en sus construcciones, y esperaban sus habitantes, que los guiaran Los Redentores.

Los Redentores

Los Redentores predicaban con singular convicción.

El encargado de una cantina de la zona de los infortunados, que conocía a los Redentores, cuenta que se emocionó al escucharlos una vez, a sabiendas de sus tropelías.

En un diario secreto encontrado a uno de Los Redentores puede leerse: Di un conveniente discurso por casi media hora, y vi en los ojos de esa gente, que mis palabras les llegaban.

El método

El método era sencillo. Un mafioso tiene un negocio vulgar: disputarse un monopolio, eso es todo.

En cambio, Los Redentores llegaron a comandar 61.000 almas.

Cuatrocientos integraban el Concejo Alto, que promulgaban las órdenes de Redentor máximo, todos juramentados.

Recorrían las tierras de los infortunados, les prometían más libertad, y más dinero. Cansados, se dejaban vender.

La libertad final

El aspecto jurídico: en realidad los infortunados no eran vendidos ni comprados, ya que es ilegal.

La venta y compra se hacía con otros métodos más convenientes. A los locos no tenían que escucharlos, solo a ellos, so pena de perder sus beneficios de dinero y libertad, que podrían disponerles, ya que eran Los Redentores, quien podría dudarlo.

El humilde esperaba la libertad, y lo libraban de la vista, del oído, del tiempo, de la misericordia, del aire, del universo, de la esperanza y de él mismo”. FIN. ¿Qué título le pondría, Borges?

- Mmmm. Déjeme pensar… ¡ya sé!: “¡Se avivaron!”.

- Deje nomás Borges - dice Álvarez resignado.

Borges y Álvarez

Casa Tomada