La Selección Argentina es una de esas escasas cosas nacionales que funcionan muy bien en plural. Juvenal dijo una vez “Pan y Circo”. A falta de suficiente pan, bueno, necesitamos el imprescindible circo.
En este caso, un grupo humano, cuerpo técnico y jugadores, que trabajan, ganaron y siguen ganando, con esfuerzo y trabajo.
Un ejemplo: Lautaro Martínez. Figura y goleador en Italia, con “una sequía” en la Selección, que hace que inmediatamente, estemos desde el día uno de su lado.
Nos vienen a la mente otros ejemplos en el fútbol, sin embargo, para qué abundar.
Vaya un reconocimiento especial para un jugador infravalorado, que no vende pirotecnia, al que amenazaron esta semana cobardes en Rosario: Fideo Di María.
Después de su golazo de tiro libre en la madrugada argentina, él sólo hizo el gesto con sus manos del clásico corazón.
Corazón tiene la Selección, que tan bien nos representa en cualquier lugar del mundo.
¿Será circo? Será circo, porque ellos, lo que saben hacer, es jugar muy bien a la pelota, y cumplen con su rol: el de darnos felicidad, y empatizamos. Lo que falta, en más y en menos, en otros lados.
Silvio Verliac
Casa Tomada