Director: Silvio Verliac              

Chalup

La escena fue casual, pero reveladora: al subir al Air Force One, el presidente Donald Trump fue consultado sobre si sabía que la actriz Sydney Sweeney estaba registrada como republicana. “¿Es cierto? ¡Me encanta su anuncio!”, respondió. El gesto desató un aluvión de comentarios y lecturas políticas. ¿Cuándo una afiliación se vuelve una bandera? ¿Por qué molesta tanto que alguien no hable - o no diga lo que esperamos -. O tenga determinadas ideas? Le pasó a Taylor Swift - escribimos sobre sus dotes artísticas en su visita a Argentina, dos artículos - cuando apoyó candidatos demócratas. En Argentina, artistas, comunicadores y analistas viven bajo fuego cruzado. Lo que se pone en juego no es solo la libertad de expresión, sino la posibilidad de pensar sin rendir cuentas.

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Sydney Sweeney tiene 27 años, una carrera en ascenso y una presencia omnipresente en redes. No hizo campaña ni declaraciones. Solo está registrada como republicana. Ese dato bastó para que fuera etiquetada. (El hecho ocurrió hace horas, apenas).

La escena en la que Trump reacciona con simpatía frente a la noticia fue espontánea. Pero lo que vino después no: lecturas ideológicas, sospechas, acusaciones, posteos, y quién sabe qué más vendrá.

1. La lectura partidaria obligatoria 

Pasa allá y pasa en Argentina. Cada vez más, el público - y los medios - esperan que cada figura pública diga a qué partido adhiere. Ya no se admite la ambigüedad tan humana, ni la duda, ni la contradicción. El que no toma posición es sospechoso. El que matiza es tibio. Y el que cambia de idea, aunque sea en apariencia, es un traidor.

En ese clima, quienes analizan sin trincheras o se expresan desde otro ángulo - estético, emocional, narrativo, técnico - son pasados por el tamiz. Porque todo se interpreta como alineamiento.

2. Bajo fuego (de un lado y del otro)

En Argentina, el fenómeno es cotidiano. Si un músico o actor se muestra cercano a posiciones progresistas o populares, es acusado de “vivir del Estado”. Si critica al kirchnerismo, se lo aplaude desde la derecha.

Huele a que no es la ideología lo que molesta, sino la desobediencia. Lo que no se perdona es "no servir a la causa".

3. La incomodidad de no tener dueño

En esa lógica binaria, el que no entra no parece servir. Lo saben quienes no se definen en los extremos. Los que cambian de idea. Los que piensan. Los que no encajan.

Hay artistas que no quieren ser bandera. Analistas que no quieren ser propagandistas. Comunicadores que no quieren estar “de un lado”. Tiene, tenemos, nuestras ideas sobre determinadas temas, y otras diferentes, en otras tematicas, que parecen no encuadrarse a un modelo maquetado, encajonado, encorsetado, y que reivindican el derecho a expresarse - o no hacerlo - sin obedecer a una estructura.

4. ¿Pensar es delito?

Pensar, hoy, parece un gesto político extremo. No repetir consignas escritas en algún lado, una provocación. No alinearse, ¿es un acto de resistencia?

5. Conclusión: ¿de qué lado estás?

Esta nota no está escrita desde simpatía o antipatía por un partido. Es mirar y ver, registrar lo que pasa.

Existen voces que no levantan banderas, y observan. Sería inteligente cuidarlas.

Silvio Verliac

Casa Tomada